Séptimo vacío



De mi estancia en la Séptima poco recuerdo.
La soledad pesaba como el tiempo que no pasa, y su ausencia dolía más que el silencio.
Nada allí me hablaba de ella, salvo mi propia presencia.
¿Volvería a verla? ¿A perderme en su piel?

Los pasillos —dos, interminables— estaban llenos de sombras que caminaban con sus propias voces.
Voces que nadie quiere escuchar. Allí solo hablan el miedo y la pérdida. 🕳️

Ese lugar te roba. Te quiebra.
Pierdes lo que eres, y entre pastillas y normas que cortan el alma, te obligan a encontrarte.
Si no es la hora del taller o la comida, eres poco más que un cuerpo para enfermeros hartos de caminar entre almas vacías, rodeados de voces que ignoran. 🎭
Ellos también parecen sombras: cumplen su turno y vuelven a casa, al calor de abrazos que quizás ya no sienten.

Con suerte, 🍀 un ángel sin alas se apiada de tu angustia.
Te dejan salir a tomar aire. Dos caladas de un cigarrillo.
Aire y humo que, por un instante, te devuelven la vida. 🌬️🔥
Y luego...
Vuelta a los pasillos, a ser, a existir.
Solo tú y las voces que, aunque susurren más bajo, nunca callan.
Sombras sin rumbo que vagan de un olvido al siguiente. ☁️

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