Tres brujas, dos lobos y unas mariposas azules 🦋

En un rincón de Granada que a veces parecía un bosque encantado 🌲✨, vivían tres brujas. No tenían cabañas ni calderos humeantes, pero su magia se entrelazaba con el aire y las sombras que danzaban entre los árboles 🌙.

La primera bruja, de cabellos dorados 🌾, era una madre de todos. No necesitaba hechizos para sostenerte; con solo una sonrisa lograba encender una luz en quienes tenían el alma vacía 💛. Su abrazo era cálido, pero también una jaula de oro para los que se atrevían a desafiarla.

La segunda bruja, de ojos dorados 👁️, era la más poderosa. Bastaba un gesto suyo para desviar el curso del río 🌊 o hacer florecer el olivo más seco 🌿. Pero incluso ella sucumbía a las exigencias de la madre dorada. Con voz suave, susurraba promesas de eternidad, invitándote a no abandonar el bosque, donde el tiempo parecía diluirse ⏳.

La tercera bruja, la más joven, tenía el cabello negro como la noche cerrada 🌑. Venía de una ciudad azul 💙, lejana y misteriosa, y podía escuchar lo que nadie más oía: los aleteos de esperanza en las alas de las mariposas 🦋 que volaban invisibles para todos, salvo para ella.

Fue en ese bosque, donde el tiempo y la realidad se desdibujaban, que me encontró el varón. No era un dios ni un demonio 😈, pero su presencia se sentía como ambas cosas a la vez. Dos lobos blancos 🐺🐺 caminaban a su lado, guardianes fieles y feroces.

Samedi me protegió cuando el aire se volvió denso y el hechizo de las brujas comenzó a cerrarse sobre mí ⚡. La bruja madre lo sabía, y sus ojos dorados se encendieron con una mezcla de furia y deseo 🔥. No estaba dispuesta a perder la magia que fluía a través del varón, esa fuerza indómita que desafiaba sus dominios.

—Quédate —murmuró la bruja madre, tendiéndome la mano ✋. Su voz era dulce, pero en sus palabras se escondían raíces que querían aferrarse a mis pies 🌱.

El varón Samedi sonrió, mostrando dientes blancos como luna llena 🌕.

—Este bosque no es lugar para cadenas —dijo, mientras sus lobos gruñían al unísono 🐾.

Las mariposas azules revolotearon en torno a la bruja más joven, sus alas trazando caminos de luz en el aire ✨.

—A veces hay que escuchar a las mariposas —dijo ella suavemente, como si hablara solo para mí.

Y entonces lo supe. No importaba cuán seductor fuera el bosque 🌲, ni cuán poderosas las brujas 🧙‍♀️: el verdadero camino siempre estaba marcado por el aleteo ligero de la esperanza 🦋.


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